“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino
Comunicado Importante

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Lo que nos hace pensar que los artículos que se publicaron en facebook fueron marcados como inapropiados por lectores que no están de acuerdo con la línea editorial de este blog.

Por eso nos hemos visto obligado a crear un nuevo blog para poder seguir exprensándonos de forma libre. Aquí está la nueva dirección.

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sábado, 14 de enero de 2017

¿Por qué hay que desobedecer?, de Óscar de Caso. Analiza las ventajas de la desobediencia al consumo.

          Salta a la vista que una de las razones para desobedecer, a pesar de la reconocida paciencia y bonachonería del pueblo español, es “quien no llora, no mama”. Quien no actúe en función de esta máxima le convendría colocarse de espaldas a la pared de un ascensor o en cualquier lugar cerrado.

          Como estos últimos gobiernos que nos toca padecer está comprobado que no tienen la más mínima clemencia hacia aquellas personas que sufren sus ansias y desvaríos, existe otra opción para desobedecer. Una de ellas es votar a favor de la oposición, frente al Gobierno establecido, sea del color que sea. 

  Pero así no vamos muy lejos, y además, en el que caso de que el sistema se sienta amenazado, ya se ocuparán ambos, Gobierno y oposición, de cerrar filas, empujados y apoyados por los poderes fácticos. Ya se sabe que el sistema tiene interiorizado el reparto de papeles. 

En general, las medidas y reformas “liberalizadoras”, los recortes sociales y económicos, se le suelen encomendar a la autodenominada “izquierda”, porque si esta pide “sacrificios”, por ejemplo, trabajar más, pero apretarse el cinturón, solo puede deberse a que es imprescindible. Es un error. 
Por el contrario, de la izquierda (sin comillas) se espera exactamente lo contrario. Así, el riesgo de que la olla reviente a consecuencia de esas medidas disminuye, pues nos aprovechamos de la buena fe de la gente que aún cree que la “izquierda” es la izquierda… 

  A cambio, a la derecha se le permitirán ciertas “alegrías”, pues su imposición de ciertos sacrificios puede provocar ciertos estallidos sociales ya que se supone que vienen inspirados por una filosofía política injustamente desigualitaria.

 Eso sí, a la derecha  se le encomendará la consolidación de las “reformas”, su legalización, siempre con la excusa de que el derroche (los famosos déficits y  deudas) provocado por la “izquierda” obliga a seguir por el camino trazado, aunque en apariencia sea con más “suavidad”.

      Hay una pregunta que ningún economista se ha atrevido aún a contestar: ¿dónde están todos esos dineros que nos roban? Pues en los paraísos fiscales, en las finanzas en general, en los desmesurados ingresos de las oligarquías… Allí es donde tendrán que ir a recuperar sus dineros los pueblos algún día.

          Pero volvamos a la cuestión del reparto de papeles antes citado entre la derecha y la “izquierda”. ¿Cuántas diferencias existen entre los programas electorales y las actuaciones de la derecha y de la “izquierda”, también llamada “izquierda de gobierno”(es decir, la “izquierda de derechas”)?

 ¿Un punto de más o de menos en lo relativo a la presión fiscal, pero sin ordeñar en serio a quienes son los más ricos o a los lugares donde están escondidos los dineros, es decir, bancos, compañías de seguros y multinacionales? 
Ciertamente, la “izquierda”, al menos, se desvive más que la derecha por los derechos de las mujeres, los homosexuales y otras minorías (y lo contrario sería el colmo); pero, en el asunto realmente importante, que es el crecimiento vertiginoso de la desigualdad, no sabe/no contesta.

    En cuanto a la izquierda y extrema izquierda, esta cree que el antifascismo suple la ausencia de programas serios para los problemas importantes. El fascismo siempre ha sido camaleónico, y hoy es ultra liberal en lo económico, desigualitario en lo social y “rigorista” en cuanto a los “valores”. 

Hoy nos enfrentamos a un fascismo tanto más peligroso por cuanto que es light, a un “fascismo del sistema”, y esa es otra cuestión que la izquierda, presa de recuerdos lejanos y de una retórica superada, no se atreve a encarar…

          Existe un tipo de desobediencia que sea, simultáneamente, radical en cuanto a la eficacia y el anonimato: la del consumo. Ello se debe a que llevar a cabo una huelga de consumo es sencillo y demoledor, pues  el único motor del sistema capitalista es la ganancia, el beneficio. Fabricar un bien o llevar a cabo un servicio no produce, en sí, beneficio alguno: solo hay beneficio cuando se vende ese bien o ese servicio y, sobre todo, cuando te lo pagan. 

Así pues, hay que practicar la desobediencia del consumo, el chantaje del consumo frente al sistema o frente a sectores o empresas determinados. Y parece mentira que los Sindicatos no la hayan utilizado prácticamente nunca, tal vez porque ellos también están comprados y capados.

          ¿Cuáles son las ventajas de la desobediencia del consumo? La enorme eficacia y el anonimato radical: no se puede identificar a nadie como no comprador, ni tampoco se le puede obligar a comprar… Además, se puede también aplicar a compañías que simultaneen fuertes subidas salariales de sus Directivos o los beneficios de los accionistas y, al mismo tiempo, realicen despidos masivos. Los casos no escasean, ¿verdad?
       





1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo Oscar, como ya hace años anticipara Naomi Klain en su "No logo: El poder de las marcas" cada vez esta mas claro que las empresas no son únicamente las proveedoras de los bienes y servicios que necesitamos, hoy son las fuerzas políticas más poderosas de nuestra época. Este hecho constituye la razón más poderosa para que nuestro único argumento sea su cuenta de resultados.

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