“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

sábado, 15 de julio de 2017

"Euforia", "codicia" y "depresión". Secuencia de las grandes recesiones", por Óscar de Caso.

          Enseñan los historiadores que la tecnología ha cambiado, que la estatura de los seres humanos ha subido, que las modas son otras… y que, sin embargo, la habilidad de gobiernos, empresas y ciudadanos para autoengañarse una y otra vez invirtiendo sus ahorros o beneficios, o endeudándose con la intención avariciosa de ganar mucho dinero, provoca ataques de euforia que por lo general terminan en lágrimas.

         “Euforia”, “codicia”, “depresión”, conceptos que los economistas toman prestados de los moralistas para entender lo que ocurre económicamente entre nosotros. 

  La gente hace caso omiso de conceptos como la codicia, la corrupción, el lucro, el afán de pretender más que el vecino, la envidia, las euforias y las depresiones, las pasiones, muchos de estos son irracionales, pero forman parte de la manera de ser, de estar, de la realidad, del espíritu del capitalismo, tanto como la razón o las matemáticas.
          Cuando comienzan las dificultades más graves y hay gente que se queda por el camino, nos preguntamos, cómo nos engañaron y, ante todo, cómo nos engañamos.

          La memoria económica dura como mucho una generación, transcurrida la cual los ciudadanos vuelven a cometer las mismas tonterías que antes, solo que con especulaciones –sean legales o ilegales- más sofisticadas.

          El primer ejemplo especulador más famoso que se data en los libros de economía se sitúa a principios del siglo XVII en la Bolsa de Ámsterdam, y hoy podría parecer inverosímil el producto sobre el que se especuló: “No lo desataron las ofertas bursátiles, ni los bienes inmuebles ni, como cabría esperar, las soberbias pinturas holandesas; el objeto de la especulación fueron los bulbos de tulipanes, y en los últimos 350 años el fenómeno se ha conocido por su propio nombre: la tulipomanía".
          Por aquel entonces, la atención se centró en la propiedad de esas flores, lo que multiplicó su precio, que subía y subía ilimitadamente, hasta la extravagancia: en el año 1636, un bulbo de tulipán podía cambiarse por: un carruaje nuevo, dos caballos tordos y un arnés completo. 

Nadie sabe por qué, meses después, los más inquietos de los coleccionistas empezaron a abandonar la moda de los tulipanes; cada vez con mayor velocidad la carrera para vender los tulipanes se transformó en pánico y los precios cayeron hasta llegar casi a cero. Los menos espabilados se arruinaron.

          Desde entonces, los incidentes especulativos se han sucedido hasta hoy, con períodos de distinta intensidad y frecuencia. Pero en todos ellos se ha reproducido una increíble amnesia respecto a los precedentes, con dos características que se repiten sin cesar: la aparición de productos e instrumentos de innovación financiera, con aires de novedosos, basados en el endeudamiento; y la atribución de la catástrofe, tras la euforia, a elementos externos, los chivos expiatorios.
          Los economistas comentan esta extrema fragilidad de la memoria en asuntos económicos, mediante la cual los desastres se olvidan rápidamente y explican que cuando se vuelven a dar las mismas circunstancias y otras parecidas, a veces con muy pocos años de diferencia, aquellas son recibidas por una nueva generación, a menudo plena de juventud y siempre con una enorme confianza en sí misma, como un descubrimiento innovador.

          Debe haber pocos ámbitos de la actividad humana en los que la historia cuente tan poco como en este terreno. La experiencia pasada es relegada para aquellos que se creen apreciar las increíbles maravillas del presente.
POSDATA.- La narración de los hechos producidos en la especulación de los tulipanes están descritos por el gran economista doctor Galbraith.
          El poeta asturiano Ángel González nos deja con unas palabras que tituló “Todos ustedes parecen felices…” del libro “Áspero mundo” de 1956 
         
 …Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.



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