“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

lunes, 11 de septiembre de 2017

"Peticiones de los señoritos neoliberales", por Óscar de Caso. "Liberalismo tiene su origen en las Cortes de Cádiz que, en su momento, fueron los que se opusieron a la invasión francesa".

 
          Recordemos la imprescindible historia del término liberal: en la política española, liberalismo tiene su origen en las Cortes de Cádiz que, en su momento, fueron los que se opusieron a la invasión francesa. Años más tarde, entre los adictos al régimen de Franco, tras su muerte se usaba la denominación “liberal” para aquellos que eran tibios en sus manifestaciones públicas y no se definían como afines al dictador. Solo “maricón” tenía el mismo efecto descalificador.
          La cosa se puede resumir en que todo el poder de la relación económica se vuelca al lado del empresario, al que se le dan todas las facilidades posibles para que desarrolle sus iniciativas, que incluyen incentivos fiscales, abaratamiento de los contratos con los trabajadores, liberalización de los despidos, flexibilización de la jornada laboral....  
Es decir, si puedo tratar a los ciudadanos  como objetos productivos de usar y tirar como si fueran cosas y no personas, lo mismo me animo un poco y contrato. La idea, no es mala, ya la conocían los egipcios y les sirvió para construir esas pirámides tan lindas.  
          Estos señores del Castillo sostienen que los asuntos comerciales son más afortunados cuanto menos regulados están por los gobiernos, y que las cosas tienden a manejar por sí mismas el equilibrio que mejor les conviene; el egoísmo sin trabas de cada individuo intervendrá en la sociedad de manera tan recíproca que esta se ajustará por sí misma y redundará en beneficio de la comunidad.

   En cambio, una intervención del Estado tendería a trastocar la delicada armonía de la sociedad… (pragmática definición de la solidaridad).
          El neoliberalismo está directamente vinculado a lo que se ha llamado globalización y, hasta el momento, es un exitoso combate frente al empoderamiento  de las clases trabajadoras. Hay que considerar que esto se ha debido a que los partidos políticos de izquierda son los grandes responsables de esa gran rendición a la hegemonía neoliberal.
          Otra causa probable que alimenta el sentido común neoliberal imperante reside en el incremento de la gente que se entiende como “apolítica” (consiguiente desprecio para ellos).
          Como todo ser humano, estos señoritos neoliberales tienen su utopía y sueñan que unos pocos llegan a dominar a muchos con un guión excelente donde al final, como en las grandes tragedias, necesariamente muere mucha gente.
          En España, no sé bien cómo, el neoliberalismo ha llegado a convencer a la socialdemocracia y a una parte de la ciudadanía de que tienen que pensar como ellos.
          El primer rasgo liberal se manifiesta en aquellos análisis que suponen que los principales problemas del país son de eficiencia poniendo poca atención al reparto de ingresos, de propiedad, de oportunidades y de influencias.
  Al dejar a un lado el problema distributivo en una democracia las reformas solo se pueden culminar con éxito si cuentan con un grado amplio de apoyo social; incurriendo los economistas liberales en una ceguera frecuente que consiste en proponer reformas destinadas a introducir eficiencia en el sistema económico que, sin embargo, no son social o políticamente sostenibles.
          En ejemplo más extremo se ha producido en Grecia, país que ha sufrido las reformas de laboratorio ideadas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo,  y Fondo Monetario Internacional) obteniendo unos resultados desastrosos.
          Los economistas y comentaristas liberales suelen ver el triunfo de Syriza y partidos similares en otros países como un molesto accidente que se interpone en sus planes, enjuiciando como culpables a una sociedad inmadura que se deja arrastrar por la demagogia y el populismo.
          Digámoslo de otra manera, las reformas que los liberales plantean para ganar en eficiencia no suelen tener en cuenta las situaciones políticas que permitirían que se aplicaran sin grandes resistencias sociales. La política de estos países como Grecia les supone una piedra en el zapato, molestias y complicaciones; para evitarse éstas, pasan por encima de los procedimientos democráticos sin contemplaciones, si fuera preciso.
          Para los liberales el hombre de Estado ideal es aquél al que no le tiemblan las manos ante las protestas que sus decisiones provocan y que está obligado a hacer tragar la medicina amarga del ajuste y la austeridad a una población incapaz de entender las urgencias del momento.
El político valiente, según ellos, es aquel que se atreve a ser impopular, a oponerse a la opinión mayoritaria, a pasar por encima de cualquier protesta de todos aquellos que no han entendido como se ha de vivir en los nuevos tiempos…
          Se trata de cambiar las estructuras del país para que crezca con más empuje en el futuro, sin indicar a costa de quién se harán los cambios, sin especificar si habrá compensaciones para aquellos que más tienen que perder ....¿Les suena de algo todo esto, benditos lectore?
          En esta ocasión, terminaré el escrito con un poeta “secreto”; escribo “secreto” porque sus trabajos permanecieron  casi ocultos para los lectores hasta 1989, dos años antes de fallecer, cuando Pere Ginferre en un encuentro casual con el poeta animó para que publicaran sus obras. Se trata de José María Fonollosa (1922-1991), nacido  en Can Tunis,  Barcelona.
          En el año 1994, Joan Manuel Serrat puso música a un poema suyo titulado “Por dignidad” dentro del disco “Nadie es perfecto”. Ha sido una canción muy poco difundida; en ella narra la conformidad sexual de un amante “fijo de plantilla” frente a la promiscuidad de su amada. 
-La familia, los amigos,
aguardan con impaciencia
que por dignidad, la saque
de la casa con violencia.
-Apenados me contemplan
o sonríen con desprecio.
Se les nota que sospechan
que sé cuanto saben ellos.
-Y lo sé, lo supe siempre
que se acuerdo con cualquiera
y ellos piensan que, eso, un hombre
como tal, no lo tolera.
-Pero es simple, toda hembra
quiere a hombres diferentes
y a diferentes mujeres
quiere el hombre, es lo corriente.
-Qué me importa que en un cuarto
otros encuentren amparo
siempre y cuando lo precise
lo halle desocupado.
-No renuncio a la delicia
de tenerla sugerente
en mi cama cada noche
por prejuicios de otra gente.
-La familia, los amigos,
me presionan a diario.
No me queda otro remedio
que mudarme de este barrio.

         

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